Situación de calle, un problema complejo

Situación de calle, un problema complejo

Susana Shanahan

10 Julio 2018

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La ciudad de Buenos Aires cuenta con un servicio de atención a personas en situación de calle que depende del Ministerio de Desarrollo Humano, llamando al 108, durante las 24 horas del día, los 365 días del año. Una vez atendido podrá solicitar ayuda personal o manifestar la situación que está observando y que merece una inmediata atención.


Este programa tiene un equipo recorriendo los barrios porteños, para atender las necesidades de las personas y/o familias en situación de calle.

Ofreciendo un traslado a alguno de los refugios donde contarán con alimentación y camas para descansar, duchas con agua caliente, elementos de higiene personal y ropa limpia. Los hogares y refugios son para hombres, mujeres o familias.

Los grupos de profesionales que van recorriendo los barrios o respondiendo a los llamados que se reciben al 108, están integrados por psicólogos, trabajadores y operadores sociales, que desde un trato cordial, afectivo, buscan recomponer la confianza de la persona para intentar, al menos, que no continúen durmiendo en la calle.

Sin embargo, no siempre logran una respuesta favorable ante la posibilidad de llevarlos a un refugio. A modo de ejemplo, el pasado 7 de julio -día totalmente inhóspito, con lluvia, viento y una temperatura que no pasaba de los 5 grados, en la esquina de Uruguay y Arenales, pleno barrio de Recoleta, había una mujer con cuatro niños y un bebé, sentados bajo un ínfimo techo, tapados algunos con una manta, y otros con bolsas de residuos.

La escena era desgarradora. La madre daba como respuesta que no podía trabajar por atender a los niños y que vivía de la caridad, por eso elegía esa esquina. Los chiscos cada tanto iban de recorrida a pedir a locales, edificios y a los escasos transeúntes que un día tan desapacible permitía.

Luego de llamar al 108, llegó relativamente rápido una camioneta de la Ciudad, que prudentemente se estacionó a distancia de la familia en situación de calle. Eran tres hombres jóvenes y una señorita. Los muchachos comenzaron a jugar con los varones mientras la joven hablaba con la madre.

Pasado un rato, los jóvenes se retiraron solos y la señora comenzó a dar instrucciones a los hijos para que fueran, bajo una lluvia que ya era torrencial, a continuar pidiendo.

Está claro que el Gobierno de la Ciudad no puede llevar a nadie por la fuerza y que, frente a la negativa de la familia a trasladarse a un refugio, sólo puede tratar de convencerlos y hacerlos reflexionar.

Ahora bien, ¿qué pasa si uno de esos niños tiene un problema grave de salud y pierde la vida? La responsabilidad seguramente no será de la madre que rechaza la ayuda del Estado sino de quien intentó sin éxito trasladarlos a un ambiente más saludable.

Habría que generar herramientas, desde lo legislativo o judicial, para permitir el accionar del Gobierno y cuidar, al menos, el bienestar y crecimiento de los niños.

 

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