| Los reyes de la trasgresión |
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Si uno compara a la ciudad de Buenos Aires, que es la puerta de entrada a nuestro país y la Capital de la Nación, con otras ciudades del mundo puede llegar a ser sumamente decepcionante; en el sentido que aún nos falta infraestructura, modernidad, tecnología, confort y, sobre todo, "orden, educación, leyes, reglamentaciones que se cumplan o se generen". En esto las responsabilidades son amplias, dado que no sólo involucran a los gobiernos de la Ciudad, la Provincia y la Nación dado el carácter metropolitano que posee el territorio porteño, sino también todos quienes habitan o transitan la Ciudad, sin diferencias de nivel educativo, económico o social. Se trata del comportamiento que como ciudadanos tenemos una vez que atravesamos la puerta de nuestras casas. Transitamos por las calles, conducimos automóviles, ensuciamos porque sí; no interesa el semáforo en rojo, el peatón cruzando, la vereda ocupada. Hemos perdido la base, que partía de la familia y la escuela, ofreciendo "educación urbana y social" y tampoco se percibe quien nos encamine, entiéndase, reglamentaciones y fundamentalmente inspectores. Somos los "reyes de la trasgresión", a los cestos de residuos los ignoramos, cruzamos cuando nos viene en gana, las veredas y la calle son depositarios de todo lo que nos molesta en las manos, las mascotas usan de baño las veredas, estacionamos frente a carteles de prohibición, ni que hablar de la basura domiciliaria, la lista es interminable de descontrol urbano que llevamos dentro. Esta rebeldía, que subyace hasta en el más formal de los vecinos, acumula quizás una revancha, por viajar cual ganado en cualquier medio transporte o porque toda tramitación conlleva varias horas de espera y cola, una atención pública y/o privada que es parte de esta incivilización en la que estamos sumergidos, donde consecuentemente se nos atiende de mala gana. Hay un estado de irritabilidad callejero, nunca visto, con agresividad excesiva, temor, represalia, que conlleva a una intolerancia total entre unos y otros. Motivos políticos, económicos, sociales no faltan para este síntoma de "irritabilidad constante". Obviamente la solución no está en lo que cada ciudadano decida, pero sí, en quienes tienen el poder de gobernar, de legislar, tanto en la Nación como en la Ciudad. Seguramente, la mayoría de los funcionarios han visitado otras ciudades del mundo, con muchos mas millones de habitantes que la nuestra, y que además de hacer shopping, deben haber observado cómo se puede tener una ciudad diferente y no es necesario una gran inversión, sino dos factores: leyes que se cumplan y control de las mismas. Dudo que en otras ciudades los habitantes reciban un "lavado de cerebro", sencillamente los educan a convivir en sociedad y, por otra parte, no cabe duda que dentro de esa educación está el cumplimiento de leyes y reglamentaciones al respecto de lo permitido y lo no, previamente estipuladas por los gobernantes y legisladores. Alguno dirá que son ciudadanos sometidos, hacen las cosas porque existe el castigo, la multa, y hasta la prisión, y preguntarán ¿y los derechos humanos, las libertades individuales, el libre accionar donde quedan?. Quedan en convertirse en ciudades como las nuestras, donde por ejemplo la suciedad abunda, el vagabundeo, la inseguridad, el corte de calles por que sí (aunque sean muy dignas las protestas), las paredes sucias de pintadas, cartelería en infracción, la terrible imagen de niños drogándose, en inundaciones cuando en otoño por que las veredas se llenan de hojas, volantes, o las mezclas de las obras en construcción que todo va a parar a los desagües con lo que ello implica. El vecino no barre, el barrendero lo hace por arriba y los automóviles estacionados tampoco permiten una higiene profunda. La policía se ve imposibilitada de actuar en la mayoría de las ocasiones. No nos resignemos al estado actual de nuestra ciudad, colaboremos dentro de lo que podemos, y exijamos que Nación y Ciudad hagan de ésta y de las grandes ciudades argentinas espacios confortables, limpios y seguros, para sus ciudadanos y los turistas.
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