El boleto de subte, por encima de los salarios
01 Septiembre 2026
El subte volvió a aumentar y el nuevo valor del boleto profundiza una tendencia que golpea directamente a los usuarios. Durante 2026, el pasaje acumula una suba muy superior a la evolución de los salarios, lo que lo convierte en un gasto cada vez más difícil de afrontar para quienes dependen del servicio a diario.
Desde este martes 1° de septiembre, viajar en subte cuesta $1.753 para los pasajeros con tarjeta SUBE registrada. El nuevo valor representa un aumento del 4% respecto de la tarifa anterior ($1.684) y vuelve a encarecer un servicio que utilizan a diario miles de trabajadores, estudiantes y vecinos de la Ciudad.
El problema no está solo en los $69 que se sumaron al boleto. La sucesión de aumentos a lo largo del año hace que el impacto sea mucho mayor cuando se analiza la evolución de la tarifa en relación con los ingresos: según la resolución que autorizó la suba, el subte acumula en 2026 un incremento del 45,12%, frente a una inflación acumulada del 33,8% en el mismo período.
El esquema de actualización vigente combina la inflación del mes anterior con un adicional de dos puntos porcentuales, lo que hace que el valor del pasaje se ajuste de manera prácticamente permanente, incluso cuando los ingresos no acompañan ese ritmo.
La diferencia se vuelve evidente al comparar la evolución del boleto con la del salario mínimo. Mientras el pasaje subía mes a mes, el Salario Mínimo, Vital y Móvil pasó de $341.000 en enero a $376.600 en agosto, una mejora muy por debajo del incremento acumulado del transporte.
El resultado es que cada vez se necesita más dinero para realizar la misma cantidad de viajes. Un trabajador que usa el subte para ir y volver de su empleo durante 22 días al mes hace aproximadamente 44 viajes. A la tarifa actual, ese recorrido implica un gasto de $77.132 mensuales si todos los viajes se pagan a tarifa plena.
Ese monto equivale a más del 20% de un salario mínimo de $376.600. Es decir, uno de cada cinco pesos de ese ingreso debería destinarse solo a los traslados de ida y vuelta al trabajo, sin contar otros desplazamientos que una persona pueda necesitar durante el mes.
El impacto es aún mayor para quienes dependen del subte todos los días, ya que el ajuste no se aplica una vez al año sino mes a mes, acumulando una suba que supera ampliamente la evolución de los ingresos.
La comparación con la inflación general también resulta desfavorable para los usuarios: mientras los precios acumularon en 2026 un incremento del 33,8%, la tarifa del subte trepó al 45,12% en el mismo lapso. Esto significa que no alcanza con explicar los aumentos del subte como una simple consecuencia de la inflación: la tarifa tiene un mecanismo propio de actualización que incorpora un porcentaje adicional y genera una dinámica más acelerada que el índice general de precios.
Para los usuarios, la consecuencia es concreta: aunque otros gastos puedan moderarse, el transporte sigue incorporando aumentos que se acumulan mes a mes. El problema se agrava para quienes no pueden elegir cómo trasladarse: quien vive lejos de su trabajo o lugar de estudio y depende del subte no puede simplemente dejar de usarlo cuando sube la tarifa. El transporte deja de ser un gasto ocasional y pasa a representar una porción fija del presupuesto mensual.
El nuevo incremento del 4% vuelve a poner en discusión el esquema tarifario porteño. El debate ya no pasa únicamente por cuánto cuesta un viaje, sino por la relación entre ese precio y la capacidad de pago de quienes usan el servicio.
El valor de $1.753 puede parecer bajo si se lo compara con el precio de un boleto de subte en las principales ciudades del mundo. Pero esa comparación resulta poco útil si no se tiene en cuenta cuánto gana un trabajador en cada lugar. En la Ciudad de Buenos Aires, el dato relevante es otro: el boleto sube a una velocidad que no acompaña la evolución de los salarios.
El pasaje puede seguir siendo relativamente barato en una comparación internacional expresada en dólares y, al mismo tiempo, resultar cada vez más caro para un trabajador argentino. Esa es la discusión que dejan los nuevos $1.753: no solo cuánto cuesta viajar, sino qué parte del ingreso debe resignar una persona para poder hacerlo todos los días.


