El otoño transforma el paisaje urbano
27 Marzo 2026
El cambio estacional ya se percibe en el arbolado urbano, con especies que modifican el color de sus hojas de manera progresiva según sus características. El proceso se extiende entre marzo y abril y refleja la diversidad de ejemplares que conforman el paisaje de la Ciudad de Buenos Aires.
El cambio de estación ya se hace visible en el arbolado de la Ciudad, donde distintas especies comenzaron a modificar el color de sus hojas como parte de un proceso natural que se repite cada año. La transición impacta en calles, plazas y avenidas, con una paleta que va del amarillo al rojo y al marrón.
El fenómeno responde a la senescencia foliar, una etapa en la que las hojas dejan de producir clorofila y comienzan a degradarla. Ese proceso expone otros pigmentos presentes en el follaje, lo que genera los tonos característicos del otoño antes de la caída de las hojas.
En el entorno urbano porteño, el proceso no ocurre de manera uniforme. Algunas especies inician el cambio de forma temprana, mientras que otras lo hacen más avanzado el otoño o incluso cerca del invierno. Entre las primeras aparece el fresno rojo americano, que es además el ejemplar más numeroso de la Ciudad. Su presencia extendida hace que el cambio de color se perciba en distintos barrios desde marzo.
Otras especies, en cambio, aportan variaciones más progresivas. El liquidámbar, por ejemplo, presenta una transición cromática que atraviesa varias tonalidades, mientras que el tilo y el crespón modifican su follaje en etapas más tardías, extendiendo el impacto visual del otoño en el paisaje urbano.
También hay casos puntuales que, por su forma o color, generan focos de atención específicos. El ginkgo biloba, aunque con menor cantidad de ejemplares, se destaca por su coloración uniforme y su presencia en determinadas zonas de la Ciudad.
El arbolado porteño incluye además otras especies de hoja caduca que participan de este proceso, como el plátano, el paraíso, el fresno europeo, el ciprés calvo y el palo borracho. A esto se suman especies semipersistentes, como el jacarandá o la tipa, que pierden sus hojas en otros momentos del año, y perennes que mantienen su follaje.
Según datos oficiales, la Ciudad cuenta con alrededor de 432 mil árboles, en su mayoría ubicados en veredas. Este conjunto no solo define el paisaje urbano, sino que también cumple funciones ambientales, como la absorción de contaminantes, la regulación térmica y la retención del agua de lluvia.
El ciclo estacional se extiende hasta fines de abril. Luego, con la llegada de mayo, comienza la etapa de poda invernal, cuando gran parte de las especies caducas ya perdió su follaje.


